miércoles, 27 de junio de 2012

Retraso del vuelo

Oiga, ¿me lleva?

Tras pasar unos días en Madrid, ayer me tocaba volver en avión con Ryanair, de Barajas a Palma, con salida a las 18:40 y llegada a las 20h aproximadamente. Llegué algo más de una hora antes, puesto que ya había facturado por internet y no necesitaba facturar maleta. Hice cosas rutinarias como despojarme de cualquier elemento o cachivache que me hiciera pitar en el detector de metales, sacar el neceser de mi macuto y dejarlo en una bandeja aparte, pasar por el detector, volver a colocarme los cachivaches... y hacer algo de tiempo dando una vuelta y tomando un café tras comprobar cuál era mi puerta de embarque. Hasta ahí todo normal.

Cuando faltaba poco para que empezáramos a embarcar, me puse a la cola de gente que ya llevaba un buen rato de pie (eso de no elegir asiento con antelación hace que la gente se vuelva loca psicópata y sea capa de estar una hora de pie haciendo cola para coger sitio), y cuál fue nuestra sorpresa cuando de pronto cambiaron el nombre del vuelo en el monitor y tuvimos que correr a mirar cuál era la nueva puerta asignada. Estábamos en la D45 y nos cambiaron a la D41. Hubo gente que empezó a correr desesperada para no perder su puesto. Increíble...

Llegamos a la D41 y volvimos a hacer cola. Al cabo del rato, de pronto en el monitor apareció un letrero anunciando que de nuevo se ha cambiado la puerta, ahora era la D43. En ese preciso instante, juro que oí rugir una marabunta, una especie de estampida que se acercaba hacia mí, y tuve ganas de empezar a gritar, asustada, temiendo que me arrollaran, que me atropellaran, tiraran y pisotearan, y todo por conseguir un asiento en el avión, ¡por favor! 

¡Que nos quitan el sitio, maaamaaaa!
Ya en la nueva puerta (hago resumen: la tercera que nos asignaban) nos informaron de que teníamos una hora confirmada de retraso. El "¡oooooh!" se escuchó por todo el pueblo de Barajas, y la gente comenzó a sentarse tratando de no perder su sitio, por supuesto. Así que como había tiempo, decidí darme una vuelta por el Dutty Free, a ponerme los dientes largos con cosas que no podía comprar. Pero antes, pude ver en los monitores que habían vuelto a cambiar la puerta (¡la cuarta!) a la D48, aún así me lo tomé con calma, aunque cuando volví a donde se suponía que estaba la gente esperando sentada, ya no había ni rastro de los que iban a ser mis compañeros de viaje...

Como podréis suponer, hubo un nuevo cambio y, con ello, una nueva estampida, esta vez hacia la D36, que para más inri estaba más lejos. Yo ya no sabía si echarme a reír o tirarme al suelo y comenzar a patalear. Tranquilamente seguí a la muchedumbre y traté de tomármelo con calma, aunque algo me decía que la cosa no acababa ahí. Por supuesto, no acabó: nos destinaron de nuevo a la D48 (¡sexta puerta!), en la que se suponía que salía un vuelo hacia Girona; creo que en ese momento se les ocurrió la brillante idea de ningunear a los que estaban allí esperando y comenzar el juego de las puertas con ellos. El caso es que les robamos su vuelo (no sé si gracias a las protestas de la gente o al miedo de que arrollaran al resto de pasajeros con tantas estampidas, no sé cómo no hubo más ataques de pánico). 

Indignación

Una vez dentro del avión, creo que la gente empezó a olvidarse un poco de lo que nos habían hecho pasar, los pasajeros parecían muy tranquilos, a pesar de que silbaron al comandante cuando éste se disculpó y afirmó que ellos no eran el pasaje que debía llevarnos en un principio a Palma sino que también les desviaban. En aquel momento pensé: "espero que no se les ocurra empezar a ofrecernos sus chorraditas como el rasca de la suerte y demás para que gastemos"; sabía que de comer o beber no iban a darnos gratuitamente, por favor... pero lo que no me esperaba es que encima soltasen ironías como que jugando al rasca-gana nos podría tocar, desgraciadamente, un nuevo billete para volar con Ryanair... Lo que me indignó realmente es que algunas personas sí que les compraran bebidas o comida, ¡no se merecían ni un duro más! Qué rápido se habían olvidado del retraso de dos horas y media que habían acumulado...

Conozco a una chica en Twitter que siempre dice que Ryanair es de lo peor, y cuando me puse a tuitear mis desventuras con las puertas de embarque, me dijo que dicha empresa se merecería quebrar. Por un lado, e veces creo que el dueño de la compañía se mofa bastante de todo el mundo y se cree una especie de dios, y por ese lado merecería arruinarse, pero por otro... la culpa realmente es de los usuarios (y me incluyo) porque somos quienes consentimos esas mofas y esa forma cutre de hacer las cosas con tal de pagar los billetes más baratos.

Pero es que es eso o pagar casi el triple por el mismo trayecto... Y no está el bolsillo para tonterías... o sí para las de Ryanair...

Vámonossssssss